EL LIBERALISMO
By admin On 6 Jun, 2011 At 09:20 PM | Categorized As Opiniones y Anàlisis, Solo Manabí | With 0 Comments

“La libertad no se implora como un favor, se la consigue como un derecho.”

General Eloy Alfaro Delgado, líder de la Revolución Liberal de la última década del siglo 19 y la primera del siglo 20, y expresidente de la República del Ecuador.

Hoy, Día de Civismo nacional, expreso con orgullo un saludo jubiloso a todas las autoridades que nos honran con su presencia; a las profesoras, los profesores,  el personal administrativo y el de servicios auxiliares; y, en general, a mis compañeras y compañeros estudiantes de este nuestro ya legendario Colegio Cinco de Junio; así como también a las madres y los padres de familia y demás invitados e invitadas a esta ceremonia.

Hemos sido convocados, y estamos aquí reunidos, para recordar con devoción patriótica el triunfo de la Revolución Liberal ecuatoriana, cuyas montoneras, originadas en el cantón Montecristi de nuestra provincia, encabezaron un levantamiento popular que el 5 de junio de 1.895 proclamó Jefe Supremo de la República al  general don Eloy Alfaro Delgado, después de haber combatido con las armas, durante varios años, a los gobiernos anteriores que eran nefastos para las mayorías sociales del país.

Desde ese momento glorioso para la historia nacional, Alfaro es la máxima referencia del liberalismo radical ecuatoriano; y, por eso, desde 1948 se celebra el 5 de junio de cada año como el Día del Civismo Nacional, consagrado así mediante Decreto Ejecutivo firmado por el entonces presidente de la República, doctor Carlos Julio Arosemena Tola. En honor de esa gesta de progreso y libertad, que el general Alfaro nos legó en 1.895, es que nuestro amado colegio lleva el nombre de “Cinco de Junio”.

Alfaro era un idealista influenciado por las doctrinas liberales surgidas entre los siglos 16 y 19 en Francia e Inglaterra, según las cuales el ser humano tiene derecho a vivir y desarrollarse en plena  libertad, con apenas una necesaria regulación del Estado para evitar que los más fuertes abusen de los débiles, generalmente indefensos. Por eso Alfaro, a pesar de pertenecer a una familia pudiente de Montecristi, se rebeló desde joven contra los gobernantes tiranos y los combatió con sus “montoneros” o “macheteros”, muchos años antes de llegar a la Presidencia de la República. En realidad, Alfaro tuvo numerosos reveses militares y políticos antes del histórico triunfo del 5 de junio de 1.895, por lo que es un claro ejemplo de tenacidad y perseverancia, y un modelo de cómo alcanzar el éxito en todos los órdenes de la existencia humana.

La ilustración europea pesó mucho en la rebeldía y visión transformadora de Alfaro, sobre todo el pensamiento liberal que impuso una nueva concepción del mundo a lo largo del siglo 19 y que tuvo como principales exponentes a Charles – Louis Montesquieu, filósofo y escritor francés, con su doctrina sobre la separación de poderes en el Estado; a John Locke, filósofo inglés, con su concepción del Estado como protector de la libertad y la propiedad individuales; y, a Jean – Jacques Rousseau, filósofo suizo que escribía en francés, con su concepto de soberanía activa del pueblo. Pero estos principios no estaban bien vistos por algunos sectores de la sociedad ecuatoriana, quienes defendían a ultranza el sistema conservador de origen medieval que les privilegiaba. Así que, durante todo su mandato, Alfaro enfrentó una oposición feroz que provenía básicamente de la Iglesia Católica feudalista, de los partidos y movimientos políticos conservadores, y de los grupos empresariales agroexportadores, todos los cuales se aliaron en una conspiración sistémica que finalmente acabó con la vida del gran revolucionario liberal y sus lugartenientes, el 28 de enero de 1.912; fecha fatídica, cuando fueron asesinados a mansalva en las celdas del Panóptico, luego arrastrados por las calles, y por último incinerados en la “hoguera bárbara” en el parque El Ejido de Quito.

La grandeza de Alfaro no son solamente sus ideas liberales y su lucha armada para implantarlas. Están, como testimonios irrefutables de su creatividad pragmática, sus ejecutorias al frente del poder político. En su gobierno se separó a la Iglesia de las funciones administrativas del Estado. Se abolió la pena de muerte. Reunió la Asamblea Constituyente de 1.897 que promulgó la Constitución en la que se establecía la libertad de conciencia y de culto. Construyó el ferrocarril Guayaquil – Quito, la más importante obra vial en aquellos tiempos. Creó el Registro Civil. Fundó el Colegio Militar, la Academia de Guerra y la Escuela de Clases. Implantó la educación laica y encargó al Estado la administración de la educación en todos los niveles. Decretó la obligatoriedad de la enseñanza básica. Fundó escuelas normales, escuelas nocturnas para artesanos y colegios en Quito y en Guayaquil. Modernizó el sistema financiero nacional de la época, impulsó la telefonía y creó la Cruz Roja ecuatoriana; entre tantas otras obras que hasta entonces el país no las tenía o eran insuficientes e ineficaces.

Eloy Alfaro fue, también, un gran latinoamericanista y trató de crear una Confederación Hispanoamericana.

La Revolución Liberal encabezada por Alfaro era de corte radical, razón por la que despertaba mucho apasionamiento a favor y en contra, que frecuentemente desembocaba en enfrentamientos armados en diversos lugares del país. Esto incubó una enconada resistencia en ciertos sectores de la sociedad ecuatoriana, acostumbrados a vivir cómodamente a costa de las mayorías empobrecidas y oprimidas; que, a la inversa, eran las destinatarias principales de los logros revolucionarios.

No obstante lo anterior, la historia se ha encargado de valorar en positivo el impacto social del liberalismo y de su principal protagonista en el Ecuador, más allá de sus probables excesos y equivocaciones. Como en muchas otras partes del mundo, el liberalismo remeció los cimientos arcaicos de nuestra sociedad y sentó las bases de la nueva era. Esto fue reconocido por el Estado ecuatoriano, en septiembre de 2.003, cuando el vicepresidente de la República, doctor Alfredo Palacio González, quien en ese momento se hallaba a cargo de la Presidencia, decretó el reconocimiento de Héroe Nacional para el general Eloy Alfaro Delgado, precursor y máximo exponente liberal de nuestra patria.

 

 

Lo de Alfaro y sus huestes revolucionarias es un ejemplo luminoso para la humanidad y en particular para los ecuatorianos. Lo de ellos es la esencia del liberalismo bien entendido y mejor practicado. Es un paradigma, un referente de patriotismo y conciencia social. Ellos hicieron lo que les dictaba su conciencia y era aplicable en aquella época. Sin embargo, es el pasado; muy distinto del presente e incontrastable con el futuro. A las nuevas generaciones del país nos corresponde emular esas virtudes, sí, pero primordialmente concentrar nuestros esfuerzos en satisfacer las urgencias sociales de hoy, previendo las necesidades de mañana. No hay vuelta atrás.

Muchas gracias!

- Discurso pronunciado por la estudiante Lady Laura Bonilla Joza, en un acto cívico del colegio fiscal Cinco de Junio de Manta, dentro de sus celebraciones de este año por el Día del Liberalismo ecuatoriano.

 

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